Hombres
Siendo hombre, me resulta difícil exponerme y hablar de las inseguridades y exigencias sobre el rendimiento sexual que tenemos nosotros (herencia terrible de la cultura machista), pero en estos días ha estado ocurriendo algo que me parece demasiado interesante como para dejarlo pasar sin más.

Últimamente, ha aparecido una serie de imágenes humorísticas (básicamente memes) en las cuales se rechaza de manera exagerada las expectativas respecto al tamaño del pene y la duración del hombre durante el sexo. La expresión “Nice dick bro” (O también, “hey bro, nice dick”) se ha hecho relativamente popular en el mundo del humor digital. Me llama la atención que, no solo transmite un rechazo a las expectativas culturales condicionadas, también deja atrás la clásica competencia machista entre hombres, dando paso hacia el apoyo, contención y validación dentro del mismo género, ¡hurra!

Solo recordar que, técnicamente, la diferencia entre cualquier tipo de “humor gráfico” y un “meme” es que este último, constituye una unidad que refleja el movimiento de la cultura. Dicho de otra forma, a través de estas imágenes, podemos ver cómo se van desarrollando diferentes procesos sociales y culturales. Es difícil estimar el impacto que puede tener este tipo de imágenes, pero para mí, es al menos un indicio de que algo se está moviendo.

EL FAMOSO RENDIMIENTO SEXUAL!

Creo que la mayoría de los hombres, hemos cargado muchas expectativas y auto-exigencias respecto al rendimiento sexual. Estas expectativas se pueden materializar de diferentes maneras. En el mejor de los casos, habiendo un clima de amor y confianza, estas exigencias se pueden manifestar en el deseo de complacer a la pareja, contribuir a que esté sexualmente satisfecha y tenga una buena imagen de nosotros. En el peor de los casos, se puede materializar en forma de ansiedad, miedo, culpa y estrés.

Aunque los hombres no solemos hablar públicamente sobre el tema, en ocasiones lo hacemos en terapia, aunque incluso, en un espacio confidencial y de confianza, nos cuesta”

Prácticamente todos los hombres con los que lo he conversado, presentan o han presentado algún nivel de auto-exigencia por tener un “buen rendimiento sexual”. Y no solo me refiero a las clásicas inseguridades respecto al tamaño de los genitales y el tiempo de duración durante el sexo. Estoy hablando también de una cierta presión por ajustarse a los ritmos, gustos y formas de tener sexo de la pareja. Me da la impresión que en esto último, hubiera una fuerte base en la culpa, la cual se podría describir como la idea de que “los hombres tenemos una forma incorrecta de vivir la sexualidad y por lo tanto debemos ajustarnos a la forma de la mujer”.

También me parece interesante que, para muchos hombres, es importante que exista un clima de seguridad y confianza emocional al momento de tener relaciones.

¿Es un tema generacional?

Probablemente sí, pero me cuesta visualizar exactamente en qué momento o en que generación ocurre la diferencia. Creo que hay una antigua, pero común imagen del hombre como un ser sexual poco empático, que satisface su necesidad con una cierta indiferencia respecto al vinculo y la satisfacción de su pareja. Por otro lado, ahora estoy hablando de hombres excesivamente preocupados por rendir bien, satisfacer a su pareja y valoran un clima de confianza afectiva. ¿Qué pasa entonces?

Creo que, si hay un tema generacional, quizás de lo que hablo se algo más “millennial”. Lo más probable es que las generaciones anteriores hayan tenido otro tipo de preocupaciones o inseguridades, aunque es difícil saber cuáles. Si hoy en día cuesta hablar de esto, antiguamente costaba mucho más o derechamente era imposible.

¿Porque usamos el humor?

No podemos ni siquiera hablar sobre el tamaño del pene sin remarcar y dejar claro que “el nuestro es normal, que no hablamos de esto porque lo tengamos chico”

Una de las cosas para la cual los hombres estamos condicionados, es rechazar nuestra vulnerabilidad. Hablar públicamente de nuestras inseguridades resulta demasiado amenazante. Nos enseñaron que la forma de defendernos es mostrarnos fuertes y seguros, pero en el fondo tenemos miedo. Pensamos que, si nadie más habla sobre un problema, entonces “solo me pasa a mi”. Esto es muy amenazante, los hombres, hemos aprendido que, cuando eres el más débil del grupo, te va mal.

Comentario final

Me parece muy importante, poder dar una espacio de visualización a la vivencia de inseguridad del hombre, la cual casi siempre vivimos de manera silenciosa y privada. Creo que con el avance de la cultura y sobre todo el avance del feminismo, cada vez hay más espacio para abrir nuestra vulnerabilidad. Pero, no es fácil, hay muchos temores y condicionamientos que nos amenazan y nos cierran.

Me resulta interesante ver este “movimiento” cultural y su reflejo en el humor. Creo que el humor es una buena herramienta para el cambio, ya que nos permite relajarnos y ver las cosas de manera diferente.

Me llama mucho la atención que se haga en un formato que rechaza las exigencias sobre el rendimiento y transmite validación y apoyo dentro del mismo genero. Al fin una bandera blanca, una señal de que podemos dejar de competir!”

Todo lo que comparto viene principalmente de mi experiencia trabajando en la consulta. Es importante tener en cuenta que, las personas que van a terapia, tienen un perfil particular (especialmente los hombres). Habitualmente son personas con un mayor nivel de consciencia que les permite poder reconocer y validar sus preocupaciones. Además, tienen el interés suficiente para trabajar en sí mismos y mejorar.

Quizás mi mirada tenga ese sesgo, pero no por eso me parece menos importante ponerlo sobre la mesa. Cuando pienso en estas experiencias dentro de la terapia y veo como se ven reflejadas en el humor digital, me hace pensar (y quiero pensar) que algo está cambiando, que nos estamos abriendo.

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Escrito por Alejandro Reckmann
Psicólogo clínico especialista en Terapia Gestalt, docente en programas de formación de terapeutas con enfoque humanista transpersonal y talleres de auto-exploración, Instructor certificado en meditación, con experiencia en meditaciones activas. Músico aficionado, fotógrafo de fauna y practicante de artes marciales (Kendo)